Traductor

 

miércoles, 4 de junio de 2008

La formación de calidad requiere un buen diseño instruccional

Marc Vidal, reflexionando sobre la ponencia de César Calderón en ICITIES, dice que las herramientas 2.0 rompen la concepción de que la Web 2.0 contribuye a una sociedad más democrática, solo hay que fijarse en el hecho de que la cantidad de enlaces y antigüedad proporciona poder a los nodos que se suponen líderes o referentes. Y yo añadiría que la dificultad que entraña para los no expertos la utilización de la creciente multitud de harramientas disponibles hace que sólo una pequeña parte de la sociedad puede participar plenamente. Por no hablar de las dificultades de acceso a la red que sufren aún muchas zonas -incluyendo alguna del mundo desarrollado-.


Y añade que el éxito del cambio revolucionario al que asistimos parte de la utilización de la calidad de la vieja cultura analógica con la potencia creativa de la nueva cultura digital. Sería un magnífico cóctel pero, tristemente, no es así.


La web 2.0 potencia el conectivismo, pero, quizá porque la fuente de conocimiento es débil, no se producen debates en profundidad sobre conceptos o distintas opciones para una misma cosa -sólo hay que mirar el escaso número de comentarios que tienen los post en distintos blogs-.


En el aprendizaje informal, interconectamos fuentes, leemos superficialmente y las citamos, pero raramente cuestionamos lo que dicen. ¿Crea esto conocimiento? Mi respuesta es que no. Saber que som accesibles en cualquier momento hace que -salvo casos puntuales- la información no vaya más allá de la memoria temporal, y, en consecuencia, nunca llegue a consolidarse en nuestras estructuras cognitivas.


Sin embargo, es cierto que la utilización de algunas de sus herramientas colaborativas -Google Docs o una wiki,, por ejemplo- pueden facilitar mucho la el trabajo en grupo y crear conocmiento, pero eso suele producirse en procesos formativos formales donde hay un buen diseño instruccional o una dirección adecuada.