Traductor

 
Mostrando entradas con la etiqueta acción educativa. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta acción educativa. Mostrar todas las entradas

sábado, 7 de junio de 2008

¿Los alumnos aprenden cuando, como y lo que ellos quieren?


Hay coincidencia en que, dentro de un proceso formativo, el alumno es el eje de aprendizaje, ya que la situación educativa se construye y desarrolla en torno a él. El aprendizaje depende íntegramente de la actividad mental del que aprende y de la interacción de los procesos psicológicos que actúan como mediadores entre la enseñanza y los resultados de aprendizaje –capacidad de adaptación al entorno y al método de enseñanza utilizado, objetivos, creencias, motivaciones, etc.-.

Para que una situación de aprendizaje resulte exitosa se necesita de su voluntad, de su motivación para el logro de la tarea. Influyen en ello sentimientos como la seguridad en las propias capacidades o la dignidad, entendida como la necesidad de un reconocimiento por parte de los demás. Los espacios compartidos, utilizados con mesura, pueden cumplir, en este sentido, una función muy importante.

Hay alumnos que se esfuerzan por una atracción interesada hacia el objetivo, otros que trabajan en base a una selección eficiente de los esfuerzos, mientras algunos continúan o abandonan el curso en función del análisis de la exigencia de la tarea y de la evaluación del rendimiento necesario para alcanzar el objetivo.

Las fuentes de motivación, entendidas como elementos, factores o circunstancias que producen en el alumno este efecto, sirven de base para la creación de técnicas –acciones- que el profesor utiliza para activarla. En consecuencia, las acciones o estrategias tutelares del profesor serán relevantes en la medida que incidan sobre la actividad mental del alumno ya sea estimulándole a realizar las actividades y estrategias adecuadas y/o dirigiendo su atención hacia sus propios conocimientos para interpretar la nueva información-. Por ello, plantear actividades de tipo abierto permite, además de comprobar su evolución, conocer cuáles son los procesos mentales del alumno –si sabe utilizar sus conocimientos previos para transferir los procedimientos y las estrategias a su contexto de aprendizaje actual, si está motivado para aprender o si considera funcional la nueva información-.

lunes, 26 de mayo de 2008

¿Correr detrás de la pelota o lanzarla para que corran?

Jordi Adell, profesor de la Universidad de Castellón, utiliza un símil futbolístico para describir el proceso de aprendizaje. Dice: hay varias maneras de jugar al fútbol. Una, correr tú detrás de la pelota. Otra, lanzarla para que sean ellos los que corran.

Es cierto, el profesor debe lanzar la actividad –pelota- para que sean los alumnos quienes vayan tras ella. Pero ¿cuál es la solución para el caso de que la lances y no corran?

Cuando comentas que los alumnos no se implican lo debido, obtienes una respuesta invariable: las actividades están mal planteadas. Y dices: de acuerdo, pero ¿tú cómo lo harías? No te sorprende, en absoluto, que te ofrezcan las mismas soluciones que tu ya has aplicado y no han funcionado.

De hecho, quienes poseen adaptabilidad y priorizan la innovación tecnológica suelen considerar que el problema está en que se utilizan métodos tradicionales no acordes con la nueva mentalidad y hablan de las bondades de blogs, wikis, …. Quienes prefieren métodos contrastados consideran que, en general y excluyendo los nativos digitales, aún no hemos asimilado los cambios y cuestionan la eficacia de algunas de éstas herramientas que se están popularizando.

En realidad, ninguna de las aplicaciones 2.0 utilizadas con fines educativos es suficiente por si misma. Todas tienen fortalezas y carencias que reclaman complementariedad con otras. Algunas de ellas, como la pizarra digital, son utilizadas por profesores, en cambio, otras como el wiki son más indicadas para el trabajo colaborativo de los alumnos. Y, sin embargo no son excluyentes en una misma acción educativa dentro de un contexto determinado.

La elección de la tecnología, no debe realizarse buscando estímular la participación, sino en función de la consecución de los objetivos pedagógicos marcados y de unos elementos inicialmente determinados e inamovibles como son: período de tiempo, tema, audiencia y recursos disponibles.

La motivación debe realizarse, es cierto, pero en un estadio posterior cuando ya se ha tenido ocasión de comprobar los intereses y estilos de aprendizaje de los alumnos.