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martes, 30 de noviembre de 2010

NANEC2010 incorpora con éxito algunas de las técnicas utilizadas por las empresas para la toma de decisiones

Estoy absolutamente orgullosa del vivo entusiasmo demostrado por los más de 170 estudiantes inscritos en NANEC2010, el open course de la Universidad de Valencia sobre Nuevas Alfabetizaciones y Nuevos Entornos conectivistas que tengo el placer de co-facilitar con George Siemens, con el soporte directo de Beatríz Gallardo, Paz Villar y Margarita García.

El sábado pasado, en una reunión sincrónica de dos horas en Second Life, iniciamos un camino que nos lleva a introducir técnicas y métodos utilizados por las empresas para la toma de decisiones.

La primera de estas técnicas que pusimos en práctica fue el Brainstorming o lluvia de ideas en torno a un tema propuesto y que son expresadas de una forma rápida y espontánea.

Fue impresionante ver la celeridad y claridad con la que se contribuía y se detectaban problemas y algunas posibles soluciones en torno a la motivación de los estudiantes.

Pero lo más curioso fue ver cómo del contexto se podían deducir observaciones no expresadas verbalmente y que, en algunos casos, nos llevaron a conclusiones inesperadas que nos permiten reflexionar y avanzar.

Sin duda, seguiremos en esta línea.

sábado, 21 de agosto de 2010

Las actualizaciones de estado en las redes sociales se consolidan como un nuevo standard narrativo

Interesante reflexión de Pablo Mancini en su blog: Las actualizaciones de estado en Facebook se están consolidando como un nuevo standard narrativo.

Coincido con él al considerar que las actualizaciones de estado (y lo extiendo a todas las redes sociales) aportan un componente experiencial, cohesionador, motivador y propagador, favoreciendo, a su vez, la evolución de estos entornos hacia una segmentación como forma de evitar la misma saturación informativa que sufre la web.

martes, 23 de junio de 2009

Retener la atención ante una sobrecarga de información

En pleno debate sobre si hay que suprimir o no los teléfonos móviles y los laptops en clase, leo en Noticiasdot.com que según el estudio Return on Attention, realizado por Yahoo! Network, que analiza las posibilidades de captar la atención del usuario, el 89% de los internautas está siempre conectado, a pesar de que el 63% reconoce que sufrimos sobrecarga de información, el 66% siente que le está afectando la saturación de contenidos en la Red y al 48% les preocupa notablemente.

La sobrecarga de información necesariamente nos obliga a ser selectivos con ella a la hora de consolidarla. Pero ¿cómo se consigue canalizar la atención de un auditorio diverso, con motivaciones diversas hacia una información determinada? ¿Podemos pretender eso o sería una forma de dirigismo no acorde con las actuales tendencias educativas?

viernes, 5 de septiembre de 2008

El lenguaje en los procesos educativos

El lenguaje define una forma de pensar, de construir conceptos y de expresar las ideas dentro de una determinada cultura. Si lo que se pretende es formar personas que deberán perpetuar un modelo de conducta, el lenguaje utilizado será el mismo que el utilizado en el contexto reproducido, elegido en función de los objetivos, de los medios disponibles y de las capacidades potenciales de los alumnos.

La presentación de un hecho o de una información verbal –oral o escrita- dentro de un contexto significativo para el alumno, le permite integrar la nueva información dentro de un esquema más amplio en el que adquiere sentido, y permite enunciar lo aprendido en forma de proposición.

Dominar el lenguaje facilita al alumno la adquisición de criterios de identificación y de diferenciación válidos en cuanto a conceptualización, es decir, le hace capaz de distinguir lo que está incluido o excluido de cada concepto, percibiendo aquellos elementos constitutivos de su representación y sus relaciones, que son la base del aprendizaje.

La propia evolución de cada materia crea y consolida un tipo de lenguaje específico que indica el grado de dominio que se posee sobre ella. Su utilización permite una economía de términos para alcanzar una comunicación efectiva, especialmente útil en la educación virtual o a distancia. En consecuencia, el alumno debe aprender a familiarizarse con él y a utilizarlo con soltura, cosa que requiere del equipo docente la elaboración de estrategias adecuadas, como son:

  • Proporcionar al alumno la posibilidad de imaginar distintas situaciones en las que el concepto le será útil, lo que determina los puntos de anclaje y asegura su asimilación. Dominar el lenguaje presupone un buen conocimiento del tema pero no el correcto dominio del concepto, por lo que, es siempre conveniente la elaboración de actividades que incluyan situaciones completamente nuevas a fin de determinar si se ha producido y en qué grado la adquisición de nuevos conocimientos.
  • Adaptar el lenguaje a las capacidades del alumno. Por ejemplo, el vocabulario utilizado en un curso de informática para expertos será mucho más técnico que el destinado a principiantes. Pese a ello, es conveniente una cierta flexibilidad que permita alternar el lenguaje técnico y riguroso en las actividades y uno algo más coloquial en los espacios compartidos en los que se pretende fomentar la interacción y la cohesión del grupo.
  • Crear unos recursos y actividades personalizadas y adaptadas a cada meta, a fin de que, por asimilación y repetición, el alumno que no domina el lenguaje o parte del vocabulario específico de la materia, pueda incorporarlo y utilizarlo de forma correcta. Para ello, se suelen utilizar marcadores léxicos explicativos de cada concepto y potenciar el uso de los espacios compartidos creando debates que impliquen la utilización de los conceptos.

martes, 2 de septiembre de 2008

Estilos de aprendizaje y e-learning

Son varias las webs que estos días hablan de estilos de aprendizaje desde distintos puntos de vista que van desde reconocerlos como fundamentales a decir que no son relevantes en el proceso. La verdad es que es un tema controvertido.

Entiendo que los conocimientos se adquieren en un proceso educativo que está permanentemente abierto o bien en un proceso formativo cerrado -un curso se inicia y finaliza- que sectoriza esta adquisición –formación profesional, continua, de adultos…-, permite establecer metas y obtener resultados concretos.

En este contexto, aprender implica haber actuado frente a los problemas que presenta la vida diaria, produciendo un cambio -con vocación de permanencia- en la capacidad humana, en el que la memoria -persistencia de los conocimientos a lo largo del tiempo- es un recurso esencial en la codificación de la información, que en algunos casos se produce automáticamente, y en otros, en cambio, requiere de la intención del sujeto para organizar el significado en fragmentos o jerarquías.

La importancia de considerar los diferentes estilos de aprendizaje de los alumnos ha sido ampliamente analizada y son varios los estudios que confirman su relación con el éxito académico, ya que parece suficientemente probado que los estudiantes aprenden con mayor efectividad si se les enseña con sus estilos de aprendizaje predominantes (Alonso, Gallego y Money, 1999). Sin embargo, en los resultados no sólo influye el estilo de aprendizaje del alumno sino también el estilo de enseñar que tiene el profesor/tutor/instructor y la compatibilidad entre ambos y, por supusto, de la motivación y del entorno en el que se produce.

Los profesores, explícita o implícitamente, mediante técnicas de observación, tratan de conocer las formas de aprender que tienen sus alumnos, para adaptar su manera de enseñar en las áreas y ocasiones que sea necesario para poder alcanzar los objetivos previstos (Alonso, Gallego y Money, 1999).

Aplicado al campo educativo, se puede comprobar que un alumno/tipo –de educación presencial o a distancia-, con el tiempo, ha desarrollado una capacidad de aprendizaje. Sabe cómo ha de interactuar con el profesor y los otros alumnos y cómo ha de superar las distintas pruebas. Esto le da seguridad en sí mismo.

En cambio, en un curso a través de e-learning, los alumnos necesitan otras habilidades para poder aprobar. El éxito depende de la motivación personal y, sobre todo, de la tenacidad. Cuando un profesor/tutor/instructor tiene un bajo concepto del alumno, éste lo suele percibir, acaba creyendo que es realmente así y puede comportarse como un mal alumno, creándose un conflicto evidente ya que el docente no cambiará de opinión si no ve resultados positivos, mientras que el alumno no mejorará si no le indica sus limitaciones y no le ofrece ayuda -algo que no siempre se percibe claramente en un proceso de aprendizaje contructivista-.

Bandura (1977) considera que el alumno anticipa el resultado de su conducta partiendo de las creencias que tiene y de las valoraciones que hace sobre sus propias capacidades, es decir, genera expectativas de éxito o de fracaso –no siempre ajustadas a la realidad- que inciden directamente sobre su motivación y rendimiento –automotivación, abandono, …-.

La motivación es la suma de importancia de la tarea y posibilidades de éxito a criterio del alumno. Es él quien valora en función de diversos factores como son las metas de aprendizaje, los patrones de atribución causal, las expectativas de logro, la percepción de competencia -autoeficacia y control- y la reacción hacia la tarea -ansiedad, orgullo, vergüenza, culpa, ira-, los ambientes de aprendizaje y el sentido de pertenencia grupal.

Determinar cuáles son las variables más determinantes para el logro de aprendizajes en e-learning es muy difícil, sobre todo, porque se está pretendiendo valorar aspectos eminentemente humanos y consubstancialmente indeterminables en función del libre albedrío y de la propia condición humana. Aún así, los resultados de distintos estudios (Millward Brown, 2005; Estudio General de Internet (EGI), 2005) permiten afirmar que los contenidos didácticos -más que la forma cómo se imparten- resultan decisivos para la motivación del alumno.

Pero además de motivación, es necesaria una capacidad para poner y mantener la atención en el objeto de estudio, un proceso cognitivo, inicialmente reflejo e interactivo con el ambiente, que está condicionado por factores como la selección del emisor de la información que, acorde con el contexto y la sintonía, facilita y optimiza la percepción, el número de procesos de atención que se pueden mantener con buena calidad, los ciclos de actividad y descanso requeridos por nuestro organismo, el grado de interés, significado y valor de la actividad -tomando como referencia su experiencia previa- y el tiempo promedio de atención en la ejecución de una actividad, sin supervisión ni otros estímulos cambiantes o distractores en el ambiente.

El sistema cognitivo del sujeto recibe, percibe y recupera una información que permite pensar -formar conceptos, resolver problemas, tomar decisiones y emitir juicios con eficacia- y comunicar –compartir significados- con los demás. Las personas adquieren conocimientos de formas distintas y buscan las estrategias cognitivas que les ayudan a dar significado a la nueva información. Estas formas de recopilar, interpretar, organizar y pensar sobre la nueva información son los llamados estilos de aprendizaje (Gentry, 1999), unos rasgos cognitivos, efectivos y fisiológicos, que actúan como indicadores relativamente estables, de cómo los alumnos perciben, interaccionan y responden a sus ambientes de aprendizaje (Keefe, 1988), constituyendo una descripción de las actitudes y comportamientos que determinan la forma preferida de aprendizaje del individuo (Honey y Mumford, 1992).

Ante una determinada información, se puede conceder importancia y centrarse en los aspectos detallados, en los lógicos, en los teóricos o en los prácticos. Hay quien prefiere aprender solo y quien necesita estar próximo a sus referentes: compañeros o profesor (Davis, 1993). En este sentido, Dewey (1938) considera que se aprende mejor cuando se incluye un componente de experiencia en el proceso de aprendizaje, mientras que Lewin (1951) prioriza un entorno de aprendizaje activo, y Piaget (1971) concluye que la inteligencia es un aspecto del dinamismo entre persona y el contexto.

Honey y Mumford (1992), analizando el comportamiento de los alumnos, determinan que éstos pueden tener, básicamente, cuatro estilos de aprendizaje: activista, reflexivo, teórico y pragmático, pero sea cuál sea el estilo que tenga el alumno, en el aprendizaje existen unos elementos comunes a todos ellos que se han de mantener: integración personal de los conocimientos, interrelaciones y significatividad (Selmes, 1986 cit. García-Pineda 1999).

sábado, 7 de junio de 2008

¿Los alumnos aprenden cuando, como y lo que ellos quieren?


Hay coincidencia en que, dentro de un proceso formativo, el alumno es el eje de aprendizaje, ya que la situación educativa se construye y desarrolla en torno a él. El aprendizaje depende íntegramente de la actividad mental del que aprende y de la interacción de los procesos psicológicos que actúan como mediadores entre la enseñanza y los resultados de aprendizaje –capacidad de adaptación al entorno y al método de enseñanza utilizado, objetivos, creencias, motivaciones, etc.-.

Para que una situación de aprendizaje resulte exitosa se necesita de su voluntad, de su motivación para el logro de la tarea. Influyen en ello sentimientos como la seguridad en las propias capacidades o la dignidad, entendida como la necesidad de un reconocimiento por parte de los demás. Los espacios compartidos, utilizados con mesura, pueden cumplir, en este sentido, una función muy importante.

Hay alumnos que se esfuerzan por una atracción interesada hacia el objetivo, otros que trabajan en base a una selección eficiente de los esfuerzos, mientras algunos continúan o abandonan el curso en función del análisis de la exigencia de la tarea y de la evaluación del rendimiento necesario para alcanzar el objetivo.

Las fuentes de motivación, entendidas como elementos, factores o circunstancias que producen en el alumno este efecto, sirven de base para la creación de técnicas –acciones- que el profesor utiliza para activarla. En consecuencia, las acciones o estrategias tutelares del profesor serán relevantes en la medida que incidan sobre la actividad mental del alumno ya sea estimulándole a realizar las actividades y estrategias adecuadas y/o dirigiendo su atención hacia sus propios conocimientos para interpretar la nueva información-. Por ello, plantear actividades de tipo abierto permite, además de comprobar su evolución, conocer cuáles son los procesos mentales del alumno –si sabe utilizar sus conocimientos previos para transferir los procedimientos y las estrategias a su contexto de aprendizaje actual, si está motivado para aprender o si considera funcional la nueva información-.