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viernes, 5 de septiembre de 2008

El lenguaje en los procesos educativos

El lenguaje define una forma de pensar, de construir conceptos y de expresar las ideas dentro de una determinada cultura. Si lo que se pretende es formar personas que deberán perpetuar un modelo de conducta, el lenguaje utilizado será el mismo que el utilizado en el contexto reproducido, elegido en función de los objetivos, de los medios disponibles y de las capacidades potenciales de los alumnos.

La presentación de un hecho o de una información verbal –oral o escrita- dentro de un contexto significativo para el alumno, le permite integrar la nueva información dentro de un esquema más amplio en el que adquiere sentido, y permite enunciar lo aprendido en forma de proposición.

Dominar el lenguaje facilita al alumno la adquisición de criterios de identificación y de diferenciación válidos en cuanto a conceptualización, es decir, le hace capaz de distinguir lo que está incluido o excluido de cada concepto, percibiendo aquellos elementos constitutivos de su representación y sus relaciones, que son la base del aprendizaje.

La propia evolución de cada materia crea y consolida un tipo de lenguaje específico que indica el grado de dominio que se posee sobre ella. Su utilización permite una economía de términos para alcanzar una comunicación efectiva, especialmente útil en la educación virtual o a distancia. En consecuencia, el alumno debe aprender a familiarizarse con él y a utilizarlo con soltura, cosa que requiere del equipo docente la elaboración de estrategias adecuadas, como son:

  • Proporcionar al alumno la posibilidad de imaginar distintas situaciones en las que el concepto le será útil, lo que determina los puntos de anclaje y asegura su asimilación. Dominar el lenguaje presupone un buen conocimiento del tema pero no el correcto dominio del concepto, por lo que, es siempre conveniente la elaboración de actividades que incluyan situaciones completamente nuevas a fin de determinar si se ha producido y en qué grado la adquisición de nuevos conocimientos.
  • Adaptar el lenguaje a las capacidades del alumno. Por ejemplo, el vocabulario utilizado en un curso de informática para expertos será mucho más técnico que el destinado a principiantes. Pese a ello, es conveniente una cierta flexibilidad que permita alternar el lenguaje técnico y riguroso en las actividades y uno algo más coloquial en los espacios compartidos en los que se pretende fomentar la interacción y la cohesión del grupo.
  • Crear unos recursos y actividades personalizadas y adaptadas a cada meta, a fin de que, por asimilación y repetición, el alumno que no domina el lenguaje o parte del vocabulario específico de la materia, pueda incorporarlo y utilizarlo de forma correcta. Para ello, se suelen utilizar marcadores léxicos explicativos de cada concepto y potenciar el uso de los espacios compartidos creando debates que impliquen la utilización de los conceptos.