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miércoles, 22 de abril de 2009

Con los entornos virtuales, aprendemos a partir de una información que el cerebro completa desde un contexto real

Este martes ha sido un día prolífico en cuanto a debates. Sin embargo, al menos en dos ocasiones -Learntrends (Elluminate) y OpenScience (Second Life)-, se ha coincidido en un mismo tema: el impacto de la tecnología en la forma de aprender y relacionarnos.

Con la llegada de las nuevas tecnologías, las personas, a partir de una cierta edad, han tenido que aprender nuevas habilidades para poder desenvolverse virtualmente de forma satisfactoria. Y todo ello a un ritmo vertigionoso. La ventaja que tienen ellos sobre los nativos digitales es que han aprendido por inmersión en pos de unos objetivos concretos. Quienes desde siempre las utilizan son usuarios pero no necesariamente expertos.

Algunos asistentes lo corroboraban con su propia experiencia y George Siemens citaba un estudio de Klein que asegura que el segmento de mayor crecimiento en Facebook es el de personas mayores de 70 años.

Los entornos virtuales nos ofrecen sólo una información que nuestro cerebro completa a partir del contexto del mundo real, por tanto, nuestras sensaciones no son reales, son interpretadas desde el mundo real. Y, sin embargo, hemos aprendido a utilizarlos eficientemente para la adquisición de habilidades y aprendizaje.