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domingo, 24 de mayo de 2009

La contribución de las universidades españolas al desarrollo

La Fundación Conocimiento y Desarrollo (CYD) ha presentado su quinto informe anual correspondiente al año 2008: La contribución de las universidades españolas al desarrollo, dirigido y coordinado por Martí Parellada y realizado por Montserrat Álvarez, Néstor Duch y José Polo, todos ellos profesores de la Universitat de Barcelona y miembros de l’Institut d’Economia de Barcelona.

En el informe se ofrecen algunos datos recogidos de distintos organismos oficiales que nos permiten hacernos una idea global del estado de la universidad española:

  • El Ministerio de Ciencia e Innovación estima que la tasa de abandono se sitúa entre un 30 y 50% de los estudiantes universitarios, con un impacto especial en determinadas titulaciones como las humanidades y las disciplinas técnicas.
  • El tiempo efectivo de graduación fue, en promedio, en el curso 2004-2005, de 6,3 años en ciclo largo, de 4,5 en el corto y de 3 años para las titulaciones de sólo segundo ciclo, y en torno a dos terceras partes de los alumnos que ingresan en primer curso no pueden obtener la titulación en el periodo mínimo establecido.
  • Los datos definitivos disponibles para el 2005-2006 y los provisionales de los cursos 2006-2007 y 2007-2008 muestran nuevos descensos del número de matriculados en primer y segundo ciclo, siguiendo la tendencia que se observa desde finales de la década pasada.
  • La capacidad para atraer alumnos extranjeros a España para seguir sus estudios universitarios de grado siguió siendo escasa (1,8% de estudiantes extranjeros por el 8,5% en el conjunto de países de la OCDE).

El informe reflexiona también sobre las reformas que está experimentando la universidad española en el marco del nuevo Espacio Europeo de Educación Superior (EES) y propone adoptar algunas medidas, propias del modelo universitario anglosajón, encaminadas a flexibilizar y dotar de mayor autonomía al sistema universitario: Mayor protagonismo de los órganos individuales de gobierno e incremento de la profesionalización, incorporando representantes externos a la universidad con autonomía y capacidad de decisión.

Este tipo de modelo facilita la toma de decisiones rápida, ágil y flexible, en contraposición al modelo colegiado en el que toma más protagonismo el establecimiento de consensos previos por parte de los miembros académicos, representados en el senado o claustro universitario; y favorece la rendición de cuentas, ya que es imposible diluir la responsabilidad entre los numerosos miembros del colectivo.

El hecho de que en la junta o consejo de gobierno se incorporen miembros ajenos a la universidad conlleva también que se evite más fácilmente caer en la endogamia, y que se tenga explícitamente en cuenta las relaciones de la universidad con la sociedad a la que se halla vinculada.