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lunes, 14 de mayo de 2012

La cultura participativa implica un trabajo hacia una inteligencia colectiva

En una coyuntura económica desfavorable la cultura de compartir adquiere una importancia capital porque permite rentabilizar esfuerzos y reducir costos, cosa que raras veces se tiene en cuenta en la cultura de la abundancia.
Compartir no implica regalar ni tampoco aprovecharse del trabajo de los demás. Compartir es crear a partir de lo existente y revertir el conocimiento que ello ha generado. Esa es la forma de contribuir.
Todo autor tiene derecho a decidir como quiere publicar su obra. Puede hacerlo con copyright, con alguna de las modalidades de licencia Creative Commons o sin que esté sujeto a ningún tipo de licencia. De la misma manera cada persona puede decidir qué tipo de contenidos consume sin más condicionamiento que sus propias convicciones. Y tan lícito es lo uno como lo otro.
Obviamente avanzamos hacia una cultura cada vez más instalada en la virtualidad, el conectivismo y la apertura, en la que lo lógico es trabajar en favor de una inteligencia colectiva con todos los recursos y herramientas disponibles.
Han contribuido a ello movimientos sociales como Open Source (software libre), Creative Commons (otras licencias como alternativa al copyright), Open Education (educación para todos), OER (recursos educativos abiertos) y los desarrollos en minería de datos e inteligencia artificial.
Nunca hasta ahora habíamos tenido un acceso tan fácil a datos e información ni tantas posibilidades de crear recursos de calidad a un coste mínimo.
Aprovechemos la ocasión para crear el mejor entorno posible para cada organización. Esto es algo que afecta a todos los estamentos. Tengo el placer de contribuir a ellos desde este proyecto.