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lunes, 14 de mayo de 2012

Apertura y sentimiento de propiedad en torno a los MOOC

En otoño de 2008, George Siemens y Stephen Downes, desde la Universidad de Manitoba, lanzaban un curso abierto y on-line que podía cursarse de forma gratuita o de pago y que, por la novedad, obtuvo un récord de inscripciones que le ha llevado a ser el más masivo durante tres años (CCK08).
Cuantos quisieron participaron en la  gestación de CCK08, puesto que a través de un foro abierto en Google.docs, Siemens y Downes sugerían y pedían a la vez ideas para gestionarlo ante la avalancha de inscripciones recibidas.
No fue una experiencia neutra. Su resultado dependía de las expectativas iniciales de cada uno. Y así, hubo quien se mostró encantado por el formato y la alta dosis de conectividad y quien acabó totalmente defraudado porque esperaba un curso de e-learning tradicional (sin tener en cuenta que dos tutores no pueden gestionar correctamente 2.000 alumnos). Entre ambas posturas, lógicamente, hubo una gran variedad de matices (unos optaron por quedarse en el papel de observador, otros abandonaron).
Los siguientes MOOC's ya no fueron gestionados de la misma manera y no obtuvieron el mismo número de inscripciones, cuya cifra que se resintió considerablemente. Sin embargo, habían conseguido su objetivo: Señalar que otros modelos educativos eran posibles e iniciar una nueva etapa.
Tres años después Sebastian Thürn y Peter Norvig lanzan otro tipo de curso masivo (yo nunca oí que ellos lo llamaran MOOC) primero desde el Laboratorio de Ingeniería de Stanford y ahora con Udacity. Son cursos gratuitos, no cursos abiertos (algunos dicen que con ello pierden la O de open). 
A diferencia de los MOOC ofrecen contenidos propios (disponibles en You Tube y por tanto, accesibles para no inscritos) sujetos a derechos de autor, algo que se advierte en el momento de la inscripción. A diferencia de los MOOC están gestionados por sistemas automatizados y no hay un dinamizador de los Foros.
En ambos casos sus resultados han superado todas las expectativas. Como dato, el primero de estos cursos tuvo más de 200.000 inscritos (multiplicó por cien los del primer MOOC). Por su parte, el primer curso de Udacity tuvo 90.000.
Coursera tampoco encaja en el modelo MOOC porque tiene una gestión más similar a Udacity.
Tampoco lo es NANEC, el curso que ofrece la UdIE-Universidad de Valencia, pese a que en sus dos ediciones ha contado con la colaboración de mismísimo George Siemens. Y no lo es porque aunque es on-line y ofrece contenidos abiertos, personaliza al máximo ofreciendo tutorías semanales y, por ello, obviando la M de masivo.
Etiquetarlos no conduce a nada. Lo innegable es que todos ellos son fruto de una evolución derivada de la mejora de la tecnología que permite una gestión automatizada o mixta. Por ello no entiendo demasiado bien este afán por etiquetarlos ni el sentimiento de propiedad en torno a ellos. La polémica y el cuestionamiento a este nuevo modelo de cursos no aporta nada.